Y cuando se haga el entusiasta recuento de nuestro tiempo, por los que todavía no han nacido, pero que se anuncian con un rostro más bondadoso, saldremos gananciosos los que más hemos sufrido de él. Y es que adelantarse uno a su tiempo es sufrir mucho de él. Pero es bello amar al mundo con los ojos de los que no han nacido todavía. Y espléndido, saberse ya un victorioso, cuando todo en torno a uno es aún tan frío y tan oscuro. Otto René Castillo (Guatemala, 1936 - 1967)
De entre los asuntos cotidianos: la familia. Y se sabe que con ella llegan los buenos días, los días grises y también de otros colores. Los días buenos se adoban con sentidos prefigurados: todo está bien en el trabajo. Todo está bien en la escuela. Todo está bien en la calle. Todo está bien en la casa. Y así la vida va. Sin sobresaltos. Y sin sinsabores. Aunque allá afuera, es decir en el mundo de las familias habitantes de otras geografías, inmediatas o no tanto, la vida camine o se arrastre entre vidrios cortantes y campos minados. Pero los hay grises. Aquellos que parecen que apenas serán llovizna o nube pasajera. Y confiados de que el día irá con unos pocos baches, nos ataca de repente una negritud que nos impele a devolver en arcadas los días buenos que la familia trajo consigo a su llegada. Negra negritud que suscita la memoria ingrata para recordar que, para no sufrir de espantos, alguna vez deseamos una familia suma cero o apenas saberla gentilicia de lugares que...